Colombia definirá a su próximo presidente en una segunda vuelta programada para el próximo 21 de junio, luego de que ninguno de los candidatos logrará superar el umbral del 50% de los votos requerido para obtener el triunfo en la primera ronda.
Con el 99.85% de las mesas escrutadas, el abogado Abelardo De la Espriella se colocó al frente de la contienda al obtener el 43.73% de los sufragios, seguido muy de cerca por el senador Iván Cepeda, representante del Pacto Histórico, quien alcanzó el 40.91%. La diferencia entre ambos deja abierto un escenario de alta competencia para la definición presidencial.
El resultado consolidó a De la Espriella como la principal revelación de la jornada electoral. Conocido por su trayectoria como litigante de empresarios y personajes de alto perfil, el candidato de Defensores de la Patria incursiona por primera vez en la política electoral con una propuesta centrada en el fortalecimiento de la seguridad, incentivos fiscales para la inversión, el impulso a la explotación de recursos mediante fracking y el abandono de la estrategia de Paz Total impulsada por el gobierno saliente.
Colombia ¿sin Petro?
En la otra orilla, Iván Cepeda buscará mantener el proyecto político iniciado por el presidente Gustavo Petro. Su plataforma plantea profundizar la reforma agraria, ampliar los programas sociales y fortalecer una estrategia de seguridad enfocada en atender las causas económicas y sociales que alimentan la violencia, en contraste con modelos basados principalmente en el uso de la fuerza.
De cara a la segunda vuelta, el primer movimiento político relevante llegó desde el Centro Democrático. La senadora Paloma Valencia, quien concluyó en la tercera posición con el 6.9% de los votos, anunció su respaldo a De la Espriella y convocó a sus simpatizantes a cerrar filas en torno a su candidatura para impedir, dijo, que Colombia avance hacia un modelo político identificado con la izquierda radical.
Con ello, la disputa presidencial entra en una nueva fase en la que las alianzas, los apoyos partidistas y la capacidad de atraer el voto de los candidatos eliminados podrían resultar determinantes para definir quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años.
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