Organilleros, un patrimonio cultural e inmaterial de la Ciudad de México

Gabriel Morales
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Los organilleros representan a la CDMX | Gabriel Morales

El sonido del organillo no necesita presentación en la capital del país. Desde hace más de un siglo acompaña la vida cotidiana de la ciudad y forma parte de su identidad sonora. Ahora, esta tradición recibió un reconocimiento oficial: el oficio de organillero fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, una distinción que busca preservar y dignificar una de las expresiones más emblemáticas del espacio público capitalino.

Organilleros toman el Centro Histórico

Para conmemorar la declaratoria, decenas de organilleros y chinchineros recorrieron las calles del Centro Histórico vestidos con su tradicional uniforme beige. La marcha musical atravesó la calle Madero, el Palacio de Bellas Artes y la Alameda Central, donde las melodías de los antiguos cilindros resonaron entre turistas, comerciantes y capitalinos que se detuvieron a fotografiar y aplaudir el recorrido.

El desfile no solo evocó nostalgia; también recordó la permanencia de una tradición que ha sobrevivido a los cambios urbanos, tecnológicos y culturales de la ciudad.

Un oficio heredado por generaciones

El oficio del organillero se consolidó durante el Porfiriato y, pese al paso del tiempo, continúa vigente gracias a familias que han transmitido el conocimiento de generación en generación. Muchos organilleros aprendieron el oficio de sus padres y abuelos, manteniendo viva una práctica que forma parte del patrimonio popular de la capital.

Cada organillo posee una historia particular y cada melodía remite a la memoria colectiva de la Ciudad de México, convirtiéndose en un símbolo que conecta distintas épocas de la vida urbana.

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Patrimonio que también se escucha

La declaratoria reconoce más que un oficio callejero: reconoce una expresión cultural profundamente arraigada en la vida diaria de millones de personas. Porque el patrimonio de una ciudad no solo se encuentra en sus monumentos y edificios históricos, sino también en los sonidos que la identifican.

Mientras el eco del organillo continúe recorriendo plazas, avenidas y calles del Centro Histórico, seguirá formando parte esencial del alma y la memoria sonora de la Ciudad de México.

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