En Pemex hay sillas que se ocupan y otras que se disputan. La que ocupa Marcela Villegas Silva pertenece a la segunda categoría. No por el nombre del cargo, sino por lo que pasa por debajo de él.
La Dirección de Administración y Servicios concentra áreas estratégicas de la petrolera: abastecimiento, contratación, capital humano, servicios, administración de bienes y tecnologías de información.
En términos menos burocráticos: desde ahí se participa en buena parte de las decisiones sobre qué compra Pemex, a quién le compra, quién presta servicios, quién mantiene infraestructura y quién recibe miles de millones de pesos.
Por eso importa quién se sienta en esa silla y también de dónde viene.
Villegas no apareció de la nada en Pemex. Su carrera reciente está estrechamente vinculada con Claudia Sheinbaum. En 2020, cuando Sheinbaum era jefa de Gobierno de la Ciudad de México, la designó coordinadora de la Central de Abasto.
Ahí permaneció hasta que, en 2024, dio el salto a Pemex para sustituir a Marcos Manuel Herrería Alamina como directora corporativa de Administración y Servicios.
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El movimiento no fue menor. Villegas pasó de una de las estructuras económicas más importantes de la capital a una de las posiciones administrativas con mayor capacidad de decisión dentro de la principal empresa del Estado.
Y sustituyó, precisamente, a Herrería, uno de los hombres más cercanos al entonces director de Pemex, Octavio Romero Oropeza. La historia adquiere otra dimensión cuando se observa lo que ocurrió alrededor de esa silla.
La herencia de Herrería
Durante el periodo de Herrería al frente de Administración y Servicios, Petroservicios Integrales México acumuló al menos dos contratos por alrededor de 4 mil 117 millones de pesos. El primero, de noviembre de 2019, fue por mil 998 millones para trabajos integrales de intervención de pozos y se obtuvo mediante concurso abierto.
El segundo, formalizado en noviembre de 2023, ascendió a 2 mil 119 millones y fue otorgado mediante adjudicación directa, con vigencia hasta diciembre de 2026. La empresa estaba vinculada con el empresario tabasqueño Juan Carlos Guerrero Rojas, cuyo nombre ha sido colocado bajo escrutinio por investigaciones periodísticas debido a su cercanía con el entorno de Romero Oropeza y Herrería.
En octubre de 2022, Pemex adjudicó a esa empresa aproximadamente 3 mil 724 millones de pesos para trabajos electromecánicos en plataformas marinas, mediante una invitación restringida en la que participaron COTEMAR, DEMAR y DIAVAZ.
Y en marzo de 2024, poco antes de la salida de Herrería, COTEMAR obtuvo otro contrato por más de 15 mil 800 millones de pesos, de acuerdo con investigaciones periodísticas que documentaron la adjudicación directa. Un contrato millonario no constituye, por sí mismo, una irregularidad.
Pero cuando se acumulan los contratos, los nombres y los montos, dejan de ser simples cifras administrativas. Empiezan a mostrar el tamaño del poder que se concentra en una oficina.
La silla cambió de dueño. La maquinaria, no necesariamente.
Marcela Villegas llegó a Pemex con el sello de una trayectoria construida en el entorno de Sheinbaum. Y no solamente por haber trabajado en su administración.
También porque fue la propia Sheinbaum quien la colocó al frente de la Central de Abasto en 2020 y, cuatro años después, su nombre apareció entre los perfiles que llegarían a la nueva administración de Pemex.
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Ahí sustituyó a Herrería. El relevo podía leerse como una ruptura. Pero las estructuras administrativas no desaparecen cuando cambia el funcionario que las encabeza.
Y bajo la nueva administración apareció otro contrato que vuelve a colocar esa dirección bajo la lupa. En 2025, Pemex adjudicó directamente el contrato PMX-2025-98-347, por hasta 4 mil 838.7 millones de pesos, para el arrendamiento de vehículos destinados a salvaguardia estratégica, seguridad física y combate al mercado ilícito de hidrocarburos. La operación fue denunciada ante autoridades federales.
Una investigación de Capital CDMX documentó además que una de las empresas integrantes del consorcio, Impulsa Tu Ganancia, había acumulado contrataciones públicas por más de 6 mil 261 millones de pesos entre 2022 y 2025.
El mismo reportaje señaló coincidencias entre algunos de los involucrados y funcionarios que habían trabajado en el gobierno de la Ciudad de México, entre ellos Villegas. Eso no demuestra que Villegas haya cometido una irregularidad.
Pero vuelve inevitable una pregunta: ¿qué controles existen alrededor de la oficina que administra contratos de miles de millones de pesos?
La salida que no ocurrió
Aquí aparece información que no está en los documentos públicos. Un directivo de Pemex, con conocimiento de los movimientos internos de la empresa, confirmó a este reportero que la salida de Marcela Villegas estaba prácticamente definida debido a los cuestionamientos existentes y a deficiencias atribuidas al desempeño de algunos de sus subdirectores. La salida, sin embargo, no ocurrió.
La fuente, cuya identidad se reserva, atribuye la permanencia de Villegas a una intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum.
No existe, con la información pública disponible, una resolución que determine responsabilidad administrativa o penal de Villegas por los contratos mencionados.
Tampoco puede afirmarse que una eventual intervención presidencial haya tenido como propósito proteger una conducta ilegal. Pero el dato tiene importancia política por una razón elemental: la versión proviene de un directivo que conoce los movimientos internos de Pemex.
Y porque confirma que la permanencia de Villegas no puede analizarse solamente como una decisión burocrática. La silla tiene valor.
Y entonces aparecieron los 47 millones
Aquí entra Octavio Romero. El hombre que dirigió Pemex durante buena parte del sexenio anterior y bajo cuya administración operó Herrería. El mismo Romero que ahora encabeza el Infonavit.
Y el mismo cuya declaración patrimonial finalmente reportó bienes y recursos por alrededor de 47.5 millones de pesos. La cifra incluye propiedades, bienes muebles y recursos financieros. No existe una resolución que determine que ese patrimonio sea producto de un delito.
Pero su magnitud abrió un nuevo escrutinio sobre el patrimonio del exdirector de Pemex y, naturalmente, sobre la administración que encabezó. Porque una cosa es la declaración patrimonial.,Otra, muy distinta, es explicar políticamente cómo se construyeron las redes de poder que rodearon durante años a la petrolera.
Y ahí vuelven a aparecer los nombres. Romero, Herrerías, Villegas; los contratos, los empresarios, las adjudicaciones, los miles de millones.
No significa que todos formen parte de una misma operación ilegal. Significa que existe una secuencia que merece ser examinada.
El verdadero poder
Pemex tiene una deuda cercana a los 80 mil millones de dólares y continúa dependiendo del respaldo financiero del gobierno federal. En una empresa de ese tamaño, Administración y Servicios no es una oficina administrativa más.
Es una de las arterias por donde circulan las decisiones económicas de la petrolera.
Por eso Marcela Villegas importa. No porque sea responsable automáticamente de lo que ocurrió antes de su llegada. Sino porque hoy ocupa la silla desde la que se administra una parte considerable de los recursos y servicios de Pemex.
Y porque su historia tiene una peculiaridad difícil de ignorar. Llegó desde el gobierno de Sheinbaum. Sustituyó a Herrerías, Herrerías terminó en el Infonavit. Romero también.
Y ahora Romero aparece con un patrimonio declarado de 47.5 millones de pesos que inevitablemente vuelve a poner bajo la lupa aquella administración. Entonces la pregunta ya no es quién reemplazó a quién.
La pregunta es otra: ¿qué cambió realmente?
Porque en Pemex pueden cambiar los directores. Pueden cambiar los gobiernos. Puede cambiar el discurso.
Pero si alrededor de las mismas estructuras siguen apareciendo los mismos nombres, los mismos círculos de influencia y contratos por miles de millones de pesos, quizá la transformación no estuvo en la maquinaria.
Estuvo en el membrete. Y esa diferencia, en Pemex, puede costar miles de millones.
@JErnestoMadrid
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