Moody’s Ratings colocó a México en el último peldaño del grado de inversión al reducir su calificación soberana de Baa2 a Baa3, en medio de crecientes preocupaciones por el deterioro de las finanzas públicas y el aumento sostenido de la deuda.
La decisión refleja, según la agencia, una combinación de déficits fiscales elevados, bajo crecimiento económico y la carga que representa el apoyo financiero del gobierno federal a Petróleos Mexicanos (Pemex).
En su evaluación, Moody’s advirtió que la estrategia fiscal del país enfrenta limitaciones estructurales derivadas de una base tributaria reducida, gasto público rígido y prioridades enfocadas en programas sociales y soberanía energética, factores que han complicado la estabilización de la deuda pública.
La calificadora destacó que, aunque el gobierno buscaba reducir el déficit fiscal hacia niveles cercanos al 4% del PIB este año, el balance real se mantuvo alrededor del 5% al incorporar los apoyos a Pemex.
El deterioro fiscal ha provocado un incremento acelerado de la deuda gubernamental. Mientras en 2023 equivalía a 39.8% del PIB, para 2025 ya alcanzó 49.3%, y Moody’s prevé que podría acercarse al 55% hacia 2028 si continúan los déficits elevados y las necesidades de financiamiento.
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Además, la agencia estimó que los déficits públicos permanecerán por encima del 4% del PIB entre 2026 y 2027, presionados por menores ingresos, desaceleración económica y subsidios energéticos relacionados con las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.
Calificación mal pero modifica perspectiva
Pese a la rebaja, Moody’s modificó la perspectiva del país de negativa a estable, argumentando que México aún conserva fortalezas macroeconómicas relevantes, como una economía diversificada, estabilidad financiera y una estrecha integración comercial con Estados Unidos.
La agencia también reconoció la capacidad de las autoridades mexicanas para responder a choques económicos mediante políticas monetarias y fiscales, aunque subrayó que persisten desafíos estructurales que frenan el crecimiento potencial del país.
Entre esos obstáculos mencionó la elevada informalidad, problemas de inseguridad y deficiencias en infraestructura, particularmente en sectores clave como energía y agua.
Con la nueva nota Baa3, México conserva el grado de inversión, pero queda más expuesto a riesgos en caso de un deterioro adicional de sus indicadores fiscales o una desaceleración económica más profunda.


