En el marco del Día del Niño y como parte de la campaña “No Está Chido”, el Consejo de la Comunicación llevó a cabo el panel “Lo que el alcohol SÍ le hace a las y los menores: desarrollo cerebral y emociones”, donde especialistas advirtieron que el entorno familiar es el principal factor para prevenir el consumo de alcohol y tabaco en niñas, niños y adolescentes.
Durante el encuentro, se alertó que en México el consumo de alcohol puede iniciar antes de los 10 años, en muchos casos dentro del propio hogar, lo que incrementa el riesgo de normalizar estas conductas desde edades tempranas.
La doctora Maura Ramírez, especialista de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que el cerebro adolescente aún se encuentra en desarrollo, particularmente en la corteza prefrontal, área encargada de la toma de decisiones, el control de impulsos y el razonamiento.
Advirtió que la exposición temprana al alcohol y al tabaco puede generar daños estructurales y funcionales en el cerebro, como pérdida de neuronas, alteraciones en la memoria, problemas de aprendizaje, impulsividad y mayor riesgo de trastornos como ansiedad y depresión.
Asimismo, detalló que el consumo de estas sustancias afecta el sistema dopaminérgico —relacionado con la sensación de recompensa— lo que incrementa la probabilidad de desarrollar dependencia y la búsqueda constante de estímulos.
En el caso del tabaco y los vapeadores, los efectos también son preocupantes. La nicotina altera el funcionamiento del cerebro en desarrollo, genera adicción y puede provocar desequilibrios emocionales. Estudios recientes indican que más del 50% de adolescentes que vapean reportan síntomas de depresión, mientras que una proporción significativa presenta ansiedad e incluso pensamientos suicidas.
Por su parte, Elsa García, presidenta de Fundación Basak, señaló que el consumo en menores no responde únicamente a la rebeldía, sino también a factores como la necesidad de pertenencia, la regulación emocional y la normalización dentro de su entorno.
En este sentido, advirtió que expresiones como “solo una probadita” pueden disminuir la percepción de riesgo en niñas, niños y adolescentes, facilitando el inicio en el consumo.
Ambas especialistas coincidieron en que el entorno familiar es el principal factor protector. La evidencia señala que la presencia emocional, la comunicación abierta, el establecimiento de límites claros y el ejemplo de madres, padres y cuidadores son determinantes para prevenir estas conductas.
“El entorno familiar puede ser un escudo o un factor de riesgo. No se trata solo de prohibir, sino de acompañar, escuchar y generar confianza”, destacaron durante el panel.
Finalmente, el Consejo de la Comunicación reiteró que la prevención comienza en casa y que fortalecer a las familias mexicanas es fundamental para proteger el desarrollo integral de las nuevas generaciones, promoviendo entornos seguros, informados y libres de riesgos.


